A ritmo lento como propuesta de valor en marketing experiencial

La nueva propuesta de valor en marketing: el ritmo lento y pausado

Acabado el periodo vacacional y después de haber disfrutado del merecido descanso. He intentado tener un ritmo lento en estas vacaciones, disfrutando del presente y del momento.

Disfrutando de las personas para poder enriquecernos mutuamente. Creo que de eso se trata cuando viajamos.

En este contexto, me viene ahora una reflexión leyendo un post en el blog de inforetail.

La noticia detalla que un supermercado holandés acaba de inaugurar una caja de cobro lenta para aquellas personas que quieran o demanden un trato personal, humano y sin prisas.

Según explican se trata de una iniciativa denominada ‘Chat Checkout’ (‘La Caja de la Conversación’, en inglés), lanzada en un supermercado de la ciudad de Vlijmen, con el objetivo de combatir la soledad de las personas, especialmente de los clientes más mayores, a través del diálogo y la compañía.

“Queremos que las compras sean divertidas y que los clientes no se sientan agobiados”, explica el gerente de la tienda, Dick de Fijter.

“El contacto personal es muy importante para nosotros, por ello hemos creado la caja de la conversación: Para crear ese momento extra de contacto”, añade.

“Es un nuevo tipo de caja para las personas que no tienen tanta prisa y pueden necesitar una conversación”, reitera la consejera delegada de Jumbo, Colette Cloosterman-van Eerd.

Una iniciativa que podría considerar de marketing experiencial, aunque lo veo como muy táctica y necesitaría de una estrategia.

No obstante me parece verdaderamente interesante y quizás debería extenderse no solo a aquellas personas de la tercera edad, igualmente a otro tipo de consumidores y modelos de negocio.

Dicen que el contacto personal es importante para ellos y han creado un concepto: la caja de la conversación.

Pero lo que más me llama la atención es que esgrimen que es una iniciativa para personas que necesitan conversación.

No sé si realmente la caja de un supermercado es el momento más adecuado para conversar, pero valoro esta iniciativa en la medida que han identificado un micromomento de la verdad donde incorporar una experiencia para conectar emocionalmente con tu consumidor.

Parece paradójico que en el actual mundo hiperconectado y donde podemos estar conectados las 24 horas al día con cualquier persona.

Pero claro, una cosa es estar conectado y otra es estar conversando: pensemos cuantas veces estamos conectados y hablamos y realmente no conversamos.

Escapemos del mundanal ruido: quizás la clave sea no hablar ni conversar, sea meditar.

Hace unos años ya comenté una iniciativa denominada «No Noise»un centro comercial británico Selfridges, lanzó una iniciativa de retail experiencial cuanto menos curiosa y original y conectada con esta reflexión de cómo y por qué el ritmo lento puede ser una propuesta de valor para los clientes.

Corría el 2013 y a primeros de enero, programaron una campaña para celebrar el silencio después de las agobiantes y estresantes compras de Navidades y fin de año.

Hasta finales de febrero, la campaña No Noise (sin ruidos), como la han denominado invitará a los clientes a buscar momentos de sosiego, paz y tranquilidad.

Bueno o lo que es lo mismo a buscar un ritmo lento en sus compras.

Propuesta de valor en marketing: sobre todo aporta valor en la vida de tus clientes

Para mi realmente una propuesta de valor en marketing, tiene que considerar sobre todo aspectos experienciales y vivenciales.

Las marcas hoy en día están enfocadas a aportar valor emocional y vivencial. Eso no cabe duda. O al menos las que quieran sobrevivir en este siglo XXI.

Pero no nos engañemos, no es cuestión de una acción individual o una campaña de comunicación.

Más bien es una estrategia clara y definida a modo de declaración de intenciones a lo largo del tiempo y en toda relación y conexión con nuestros clientes.

Se trata de aportar valor auténtico en la vida de las personas, y en el caso del supermercado Holandés, parece que este es el objetivo.

El turismo lento: una nueva oportunidad para destinos y productos turísticos

Una de las modalidades de turismo que están tomando fuerza en los últimos años, es el denominado turismo lento o slow.

A finales de la década de los 80, el italiano Carlo Petrini, sociólogo, periodista y amante de la gastronomía, se convirtió casi sin darse cuenta en el padre del movimiento slow.

Aunque su principal fin era el de hacer frente al boom de la comida rápida, basada en modelos estandarizados en contraposición a los valores tradicionales mediterráneos, esta filosofía ha continuado extendiéndose a casi cualquier ámbito que se nos ocurra (slow food, slow tourism, slow clothes, slow life…), reivindicando los ritmos vitales lentos y meditados para aumentar la consciencia y el valor de cada momento.

Creo que el turismo tendrá cada vez una demanda de un ritmo más lento. Yo no en vano, intento siempre interactuar con los locales de cualquier destino que visite.

Y debo decir que es una experiencia que aporta valor en mi experiencia personal y profesional.

En el mes de junio pasado tuve la oportunidad de viajar al amazonas Colombiano, al destino Leticia.

Y debo considerar que mi experiencia de turismo lento fue realmente satisfactoria.

Es un intento de respetar su territorio, también me obligué a ser capaz de empatizar y de enriquecernos mutuamente: turista y habitantes locales.

Existe ya una iniciativa conformada por varias localidades que forman la red slow.

Asumen una serie de compromisos concretos y verificables: apoyo a la agricultura, gastronomía y el comercio local, mejoras en el sistema de acogida de turistas, recuperación de zonas monumentales y centros históricos además del requisito de no superar los 50.000 habitantes, entre otras cuestiones que funcionan como sello de calidad.

Esta idea cuenta con un respaldo internacional desde hace más de una década.

La red Cittaslow cuenta con tres municipios italianos crearon la primera red. En España, el concepto de cittaslow está abanderado por los municipios de Begur y Pals en Girona, Mungia y Lekeitio en Vizcaya, Rubielos de Mora en Teruel y Bigastro en Alicante.

Esta iniciativa tiene igualmente como objetivo aportar valor en las vidas de los turistas que visiten estos destinos: ritmo lento para enriquecer su experiencia turística.

Ritmo lento y pausado: la nueva propuesta de valor para el marketing

En definitiva, como toda propuesta de valor necesita una tipología de cliente con una demanda sostenible y rentable.

Pero más allá de ello, lo que verdaderamente creo que se necesitan las marcas es cambiar el acercamiento emocional y experiencial que realizan ante sus consumidores.

Una marca debe sobre todo a aspirar a mejora el estado de bienestar de sus clientes.

Creo que tanto negocios de retail, como los vinculados al turismo pueden aprovechar de manera eficiente este tipo de demandas.

Mis recomendaciones serían:

1.- Sobre todo diseñar experiencias turísticas que enriquezcan no solo al viajero, debe involucrarse a los habitantes para que vean la actividad un foco de proyección personal y profesional.

2.- Ser creativos en el diseño de las experiencias y no trivializar en exceso. Desarrollar experiencias vinculadas al entorno para igualmente ponerlo en valor.-

3.- Ser auténtico y destacar las singularidades del destino.

4.- Desarrollar un relato o storytelling que favorezca la integración de habitantes y visitantes, para ser capaces de que cualquier habitante pueda transmitirlo de forma emocional.

5.- Es una cuestión de estrategia a medio y largo plazo.

6.- Identificar y cualificar los momentos y mi-cromentos de la verdad donde puedo incorporar una propuesta de valor que aporte sobre todo valor experiencial y vivencial a nuestros clientes y que enriquezca su vida.

7.- Y sobre todo, concienciar y sensibilizar a las personas que más en contacto están con el cliente.

Así que ya sabes, quizás tu modelo de negocio necesite un ritmo más lento. O no. Tuya es la decisión.

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